Aunque charlar con él me fuera a servir para el guión, bajo ningún punto de vista tendría que haberle dicho que sí al Ñato. Y no porque los planes basados en el utilitarismo de personas suelan terminar mal, sino porque lisa y llanamente El Ñato es de esos amigos que, de alguna u otra manera, siempre se las terminan ingeniando para meterte gratuitamente en sus problemas. O sea: ver al Ñato ya es en sí misma una invitación segura a terminar mal. Él es de esos tipos que un día heredan un millón de dólares y al día siguiente, sin que puedas entender cómo hicieron, deben un millón y medio. Demasiado vértigo para mí, ahora que me acostumbré a la vida deliciosamente estable y rutinaria de alguien que vive y trabaja como un guionista medianamente encaminado. Supongo que es uno de los motivos por los cuales venía viéndolo poco, o más bien esquivándolo.
