Cada tanto pasa que me levanto, y de la nada, como si la marca de los anteriores se hubiese borrado de golpe, no lo encuentro, tardo semanas enteras, a veces incluso meses en volver a encontrar el hilo de los días. ¿En qué estaba yo?, ¿qué hacía?, ¿por qué era que vivía acá?, ¿para qué me tenía que levantar?, ¿qué tenía que hacer hoy?, ¿pero qué tenía que hacer hoy? Entonces vuelvo a las páginas de la libreta y releo: me repaso, me subrayo a mí mismo, me agarro a la letra.
Ficción cultural; ensayo práctico; guionismo humorístico; lecturalia; monólogo teatral; cosas que son muy largas o muy oscuras para insta; texto en avance; todo salvo las publicaciones académicas y las clases; todo salvo los cuadernos, las pastillitas, las cosas perdidas y no hay lugar al que llegar; archivo 2012-2025 online
lunes, 27 de noviembre de 2017
domingo, 26 de noviembre de 2017
Bailando con los osos (#Lecturas 1)
1. No es cierto que lo más difícil de todo sea llegar a tener un
buen cuento. No al menos, comparado con llegar a tener un buen libro de
cuentos. Hay una arbitrariedad medio innecesaria, medio heroica en ese objeto,
en esa cuidada unidad narrativa llamada “libro de cuentos”. Heroísmo de la
sustracción: ¿por qué dejar cuentos afuera?, ¿cómo evitar las lógicas del rejunte
y el relleno?, ¿cómo, ya que a uno lo van a publicar, no aprovechar y meter
todo ahí adentro? Heroísmo del olvido: ¿quién escucha un disco entero, en
tiempos de playlist?, ¿quién, en tiempos de circulación suelta -suplementeable,
interneteable- recuerda a qué libro pertenece tal cuento?
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